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No estoy gordo... Me comí mis emociones

January 31, 2017

 

COMIENDO EMOCIONES

 

Es común que al consultorio psicológico lleguen personas con un evidente sobrepeso o bien con obesidad. Esta situación no nos es ajena pues somos un país que se encuentra en los primeros lugares a nivel mundial en obesidad. También es frecuente que cuando estas personas comienzan un proceso terapéutico (por la razón que sea) se les puede ver perder peso.

 

Un paciente me decía al cabo de 3 meses de tratamiento: Desde que vengo a terapia he perdido peso, tanto emocional como corporal, me siento más ligero y más seguro conmigo mismo…

 

Existe una clara relación entre las emociones y la comida, parece entonces que las personas con sobrepeso u obesidad han encontrado un refugio en la comida, por no enfrentar de forma saludable la expresión correcta de sus emociones, así que literalmente “se comen sus emociones”.

 

En una sociedad como la nuestra el alimento es un medio para expresar el cariño, somos afectos a las comilonas, a las reuniones de comida, antojitos, etc., incluso en muchos hogares es un desaire decir que no quieres comer.

 

Desde que fuimos pequeños se nos instruye muchas veces con comer todo lo que está en el plato y se relaciona el comer bien con comer mucho. El hecho de que un niño “coma bien” es un motivo de aprobación.

 

También somos una cultura evasiva, que prefiere hacer chistes a enfrentar un problema de salud, es típico usar frases como: las penas con pan se curan, o más vale gordito chistoso que flaco que de lástima, el lunes e pongo a dieta, es de gordos…, etc.

 

Lo cierto es que las personas con poco control emocional también son propensas a comer de forma compulsiva, y comparten rasgos como un bajo control de impulsos, culpa después de haber tenido un atracón, se someten a dietas mágicas que lejos de ayudarles a veces incrementan su problema.

 

Así mismo tienen un descontento con su imagen corporal y se frustran fácilmente al probarse ropa y no lucir como les gustaría, por lo que se dejan al abandono y fingen no preocuparse por ello, liberando su ansiedad en chistes o bien repitiendo esta conducta para sentirse que se aceptan a sí mismos y no tienen ningún problema con su obesidad. Regularmente son personas controladoras, con pobre autoestima y de carácter dependiente. Es común que puedan tener relaciones insanas o dependientes. Además, son propensas al alcoholismo o al consumo de drogas.

 

Estas personas han encontrado un refugio emocional en la comida, pues comen si están tristes, enojadas, con miedos, felices, en lugar de expresar sus emociones sanamente. Cabe mencionar que este refugio que encuentran en la comida es solo temporal y casi siempre viene acompañado de un sentimiento de culpa. Es decir, de manera momentánea sienten alivio al dolor o a la tristeza, pero la pérdida de control, regularmente los lleva a tener mucha culpa o bien una desesperanza y pensar que no pueden dejar de comer.

 

El tratamiento es multidisciplinario es decir lo ideal es que varios especialistas participen en ello como el nutriólogo, psicólogo, médico, entrenador, pero sobre todo que la persona asuma la responsabilidad de su padecimiento y comience a hacer cambios positivos que favorezcan su tratamiento. Todo ello le llevara a tener una mejor calidad de vida: su salud, condición física, relaciones interpersonales y autoestima pueden mejorar significativamente. Al lograr tomar control sobre su propio proceso es probable que ceda el control a cosas o personas que seguro está intentando controlar de su entorno.

  

 

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