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Papás sin rumbo ¿Qué hacer?

PADRES CONFUNDIDOS

 

Ya hemos oído muchas veces como ha cambiado la educación de los niños al paso de los años. Ya ha habido largas discusiones científicas y de café por como era la forma en que nuestros padres o abuelos fueron tratados por sus padres, de cómo fuimos tratados nosotros y de cómo son tratados los niños actualmente y eso da pautas a largos estudios y tertulias de cómo eran los niños antes y como son ahora.

 

La educación más o menos antes de los años 80’s no tenía discusión. Lo que los padres decían y principalmente el padre, eran la ley. Los límites estaban instaurados, las líneas puestas y dispuestas a no ser cruzadas y el pensamiento también. Poco a poco mientras iba pasando el tiempo y los estudios y observaciones científicas publicándose, se fue declarando que ciertas conductas consideradas normales en la crianza de los hijos anteriormente, comenzaban a ser vistas como violentas; también se veía que en años pasados existía una diferencia abismal entre el rol de padre y el de hijo al momento de tomar cualquier decisión en casa. Todo esto y muchas otras conductas y postulados se empezaron a calificar como causantes de una gama infinita de trastornos del desarrollo en el niño y se empezó a observar que repercutían negativamente en su desempeño en la vida adulta. Obedeciendo a esto, comenzaron a surgir declaraciones de nuevas formas de crianza de los hijos, en donde se buscaba que ellos fueran libres de tomar muchas decisiones en casa, para evitar “traumarlos”, ya que abundaban lecturas profesionales y responsables y otras no tanto, acerca de que el polo positivo y el negativo igualmente podían ser causa de traumas infantiles y repercusiones serias en el desempeño optimo del adulto. Que “si le das demasiado lo malcrías”, que “si le das demasiado poco lo limitas o le generarás un hueco que después querrá llenar”, que “si le jalas bastante a la cuerda lo hieres”, que “si le quitas la cuerda se pierde” y así.

 

Comenzó el boom de cómo mejorar la comunicación con los hijos, como acortar la distancia de roles y autoridad entre las diferentes generaciones y como lograr hacer participes a los hijos en lo que querían decir y hacer, por lo que la libertad de pensamiento aumento. Pero dejar el trono no era cosa sencilla, todavía los padres tomaban las decisiones importantes. A los hijos se les dejaba la libertad, con mucho esfuerzo y todavía cierta renuencia de los padres, de decidir su vestimenta, su estilo, sus gustos musicales, sus preferencias literarias, sus gustos profesionales y en algunos casos hasta se les permitía tener libertad de credo. He ahí los 80’s y los 90’s y finalmente los jóvenes adultos de principio de siglo. Estos jóvenes tomaron decisiones, principalmente en las cosas prácticas, fueron momentos de desarrollo e innovación, pero las decisiones básicas, existenciales, se quedaron en pausa.

 

Ya para la primera década de este nuevo siglo XXI, estos jóvenes estaban comenzando sus vida productiva, uniéndose en pareja y creando familias. Podríamos creer que el cauce de este flujo de información acerca de la educación sería de desarrollo positivo, pero en realidad se fue llevando de una manera muy peculiar. La libertad puesta en las manos de esta generación, el acceso a la tecnología y al flujo de información de todo tipo y en todos sentidos, pareciera que provocó que estos jóvenes padres tuvieran la posibilidad de estar más informados acerca de todo lo que “se tiene” y “no se tiene que hacer” respecto a la crianza de los hijos, pero como las fuentes actualmente son tantas y tan diversas (recuerden la libertad), una misma cosa o una misma conducta, puede ser al mismo tiempo el milagro descubierto hacia la paternidad positiva para unos o la principal causa de problemáticas emocionales en los niños para otros, que si la lactancia materna, que si la libre demanda, que si el establecimiento de horarios desde pequeños, el chupón, la andadera, el colecho, etc., generando padres BASTANTE CONFUNDIDOS. Confundidos de qué decidir, de que creer, no se habían cuestionado esto anteriormente, no porque tuvieran una línea de pensamiento impuesta como sus padres o abuelos, sino que existen tantas posibilidades, que se requiere mayor esfuerzo de pensamiento para decidir y hacerse responsables de esas decisiones, y muy probablemente lo estaban dejando para después, ya que la toma de decisiones en un niño o un adolescente no son tan imperiosas como en un joven. Tantas posibilidades de causas, tantas posibilidades de efectos en la educación de los hijos que se vuelve una tarea extenuante. Al parecer esta generación de padres y las actuales somos generaciones muy confundidas y agotadas. Se dio la libertad, pero no se guió para utilizarla.

 

Esto, unido al ritmo de vida, a las exigencias hacia los padres (-tienes toda la información, no hay excusa) y a las también nuevas características cognitivas y emocionales de los niños, lleva a los padres a un colapso nervioso o en el mejor de los casos a volverse fanáticos de todo tipo de cursos para encontrar “la respuesta”, que en algunas ocasiones los confunden más, debido que al mismo tiempo también están descubriendo que tienen algo que les cosquillea dentro, algo interno que les dice que eso que escuchan afuera no les gusta y no les parece adecuado para la crianza de sus hijos, o aquello que oyen les parece bastante acertado, estos padres comienzan a descubrir que dentro tienen un mundo con el cual también tienen que lidiar, que en realidad no tiene tanto que ver con sus hijos más de lo que tiene que ver con ellos mismos.

 

Estos padres muy en el fondo y de forma silenciosa imploran restricciones, límites, imposiciones, un “hazte a un lado, que tú no sabes, yo lo hago” de un padre, un cura, una autoridad, porque a veces es más fácil pelear contra un opresor, que lidiar con uno mismo. Algunos, en ocasiones buscaran, una forma diferente en donde encontrar la autoridad, la verdad y las respuestas que tanto les está costando obtener, recopilando la mayor cantidad de información utilizando al “dios tecnología” como fuente de inspiración y decisión o dejar que esta nueva deidad se haga cargo de los niños, “ella todo lo sabe”. En otras ocasiones podría dejar esta función a la escuela, “quien más que ellos para pensar la mejor forma en que sus hijos deben ser educados”, o simplemente dejar que la vida avance y que sus hijos se desarrollen silvestremente, empoderándolos y dejando las decisiones a su cargo, comenzando en un futuro un nuevo círculo de indecisión o en ocasiones de tiranía. Hay un miedo lógico y entendible hacia hacer frente a esta confusión personal y pensar que hacer con ella.

 

Ahora nos queda a estas generaciones de padres dar el brinco, no hacia la búsqueda de quien piense por nosotros, sino a la búsqueda de formas nuevas de utilizar el pensamiento, las herramientas, la información, la tecnología, la libertad, todo esto con su respectiva aceptación de que sólo se puede obtener con un esfuerzo arduo y constante, y si esto lo podemos lograr con ayuda, aceptarla, pedirla o buscarla, para así poder decir que dimos un paso más en la evolución del hombre.

  

 

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