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Hombre no es igual a macho

Mejor hombre antes que macho  

 

Hasta hace algunos años, el rol del hombre fue proveer a su mujer y a su familia de un sustento, ganándolo “con el sudor de su frente” según relatos bíblicos. El hombre era el “jefe” de la familia y lideraba su rumbo, la mujer y la familia lo seguían. Las parejas eran, en cierto sentido, como un equipo, en el que el hombre aportaba el ingreso y la seguridad y la mujer hacía las “tareas del hogar” y era el soporte de su marido.

 

Una de las características que contribuyó a establecer estos roles fue la estructura física. La mayor fuerza física del hombre respecto a la mujer era una diferencia fundamental en una sociedad donde la supervivencia dependía del esfuerzo físico.

 

Otra fue, llamémosla, la “racionalidad práctica”: aquella forma de pensar fría y objetiva, centrada y enfocada en la eficiencia, en oposición al pensamiento femenino más “disperso” y emocional. De esta manera, la mujer tenía en la sociedad tradicional un rol importante, pero “secundario”, como ilustra la famosa frase “detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer”.

 

En paralelo, el rol del hombre perdió su sustento: en la nueva situación el rumbo familiar se define en igualdad (y muchas veces las mujeres tienen una idea más clara del rumbo a seguir que los hombres), ambos trabajan (y cada vez hay más casos donde ellas ganan mejor que sus parejas). El esfuerzo físico lo hacen las máquinas; quedan muy pocos trabajos donde lo físico juegue una diferencia tan importante como para que el trabajo sólo pueda ser realizado por hombres. La “racionalidad lógica” y la eficiencia están obligadas a dar paso a la creatividad, las emociones y las relaciones sociales. Todo esto, se supone, no es el fuerte de los hombres. Es así que, a medida que la sociedad de la información avanza, las características que priman son las de la mujer mientras que el hombre y su estereotipo parecen abandonados sin un destino o un fin claro.

 

Encontramos ahora que, muchas veces, es la mujer la “fuerte” y la que le exige al hombre en todo aspecto. Nos encontramos con una mujer enérgica, inteligente, ambiciosa que quiere hacer carrera, pero también gozar de la vida y para eso necesita una pareja que la apoye en sus necesidades actuales. Un hombre que sea un padre presente y que pueda suplir a la madre en diferentes actividades que tiene el pequeño día a día. Un hombre que colabore en la casa que la espere con comida, cuando ella llega tarde de una reunión de trabajo y haya avanzado en los quehaceres del hogar cuando ella no esté. Pero por sobre todo que sea un hombre que se preocupe de su persona y satisfaga a la mujer sexualmente.

 

Ahora, en las consultas de pareja, son ellas las que se quejan de una vida sexual poco satisfactoria. Las disfunciones sexuales en los hombres han aumentado muchísimo a últimas fechas, eso es porque se sienten inseguros y presionados frente a una mujer muy exigente. Eso ha llevado al extremo de que él se ha ido debilitando como persona y no pueda rendir como marido, padre y dueño de casa, como la mujer quisiera. El resultado es, que el matrimonio esté en crisis en este siglo y las consultas de terapia de pareja colapsadas. Aún no se adaptan el hombre y la mujer a su “nuevo” rol y tampoco quieren aceptar el “nuevo” rol de su pareja.

 

Pero es parte del cambio y del reconocimiento de la importancia de la equidad y funcionalidad de la pareja creando un respeto, reconociéndose como seres humanos valiosos y productivos más allá de un género.

  

 

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