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Apego

Apego

 

 

Si bien es cierto que los seres humanos tenemos muchas maneras de relacionarnos entre nosotros, aquellas relaciones más intensas y duraderas son las que establecemos con la familia, amigos y seres queridos. Las principales teorías del apego definen que existe un proceso adaptativo que une a aquellas personas que consideramos importantes.

 

Según la teoría del apego de Bowlby, las habilidades que tenemos para establecer y mantener vínculos son distintas en cada individuo, dicha teoría pretende explicar las diferencias individuales en el momento de relacionarnos con los demás.

 

El apego durante los primeros años del desarrollo infantil, suponen un pilar fundamental en el aprendizaje de las habilidades sociales y en la formación de la inteligencia emocional. Capacidades tales como la empatía, la regulación emocional y la motivación, son capacidades que empezamos a desarrollar en la infancia y están moduladas por la manera en la que nos han educado.

 

Con la creación del apego y la vinculación especial madre-hijo, te ofrecemos los siguientes consejos para que tú misma puedas fortalecer dicho vínculo:

 

Coger el bebé al hombro, mecerlo, cantarle, alimentarle o abrazarle son algunos de los actos que los más pequeños consideran muestras de amor y afecto. Según la literatura científica, para que existe un fuerte vínculo de apego, debe darte el contacto físico positivo. Además, se liberan algunos neutotransmisores tales como las endorfinas, oxitocina, serotonina, entre otros, estos elementos fortalecen el apego en nuestras estructuras cerebrales.

 

Para un niño pequeño, la relación más importante en su vida es aquella que establece con su madre o su cuidador primario. Dicha relación también interfiere en su desarrollo neuronal, amoldando su cerebro e interfiriendo en su aprendizaje en habilidades sociales. Por lo tanto, un estilo de apego seguro puede ser una base sólida para futuras relaciones.  

 

Así que entre madre e hijo se da una intensa comunicación emocional. El idioma del bebé son sus llantos cuando tiene hambre o sueño, sus sonrisas, sus balbuceos… Y, el de ella, los besos y las palabras de amor que le dedica, los abrazos que lo consuelan, el alimento que le da, estar cerca de él… Un diálogo muy especial, cuyo código a veces parecen conocer únicamente la madre y el niño,  y que moldea el cerebro del pequeño.

 

El recién nacido tiene unos 100.000 millones de neuronas. Y en los primeros años de vida se van a formar billones de conexiones entre ellas.  Más o menos al final del primer año, se produce una poda neuronal. Ya hay billones de conexiones y, como el cerebro quiere economizar recursos, poda las conexiones menos empleadas; si el apego con la madre ha sido seguro, se habrán formado muchas conexiones que tienen que ver con la seguridad,  y esas conexiones se mantendrán”

 

Muchas madres se sienten culpables por no llegar a todo, por creer que, tal  vez, no están dando a sus hijos el tiempo y el amor que estos necesitan, pero vale más la calidad que la cantidad del tiempo. Es importante que cuando una madre esté con su hijo esté tranquila, sin distracciones, disponible afectivamente y que ambos disfruten del tiempo juntos. Expertos aseguran que si las madres pudieran dedicar a sus hijos más cantidad y calidad de tiempo, la sociedad sería un lugar mejor.

  

 

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