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Del Individualismo tecnológico a la paz mental.

April 1, 2020

Del Individualismo tecnológico a la paz mental.

 

Los tiempos por los que atravesamos nos obligan a hacer el ejercicio más complicado del individualismo en que nos ha inmerso esta emergencia sanitaria mundial promovida por la pandemia decretada debido a la diseminación descontrolada del virus SARS-CoV2 (COVID 19 un tipo de Coronavirus), por la que creo que la mayoría hemos aceptado la brutal invasión de nuestros espacios mentales a través, en primera instancia de los medios masivos de comunicación, después, de las redes sociales, en tercer lugar de la inducida pero también temerosa comunicación de nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo y finalmente de aquellos con quienes hemos podido, muchos de nosotros ir estableciendo nuestro espacio vital cotidiano.

Nuestra mente permite el acceso a un torrente de información que debiera estar tamizada por nuestro entramado de creencias, conocimientos y valores, sin embargo la velocidad de difusión cargada del ingrediente del sensacionalismo y la constante infusión de temor orientada a permitir controlar la situación de movilidad social, presenta diferentes elementos de potenciación del miedo que dependen del nivel social, cultural y económico, encontrándonos con una tergiversación en cuanto a los valores que lo potencian, siendo en primera instancia para unos, la supervivencia básica como resultado del ejercicio de sus habilidades para obtener ingresos que permitan proveer a la familia de alimento, techo y salubridad en último lugar, mientras que otros se preocupan primero por preservar un patrimonio que de cualquier forma les resultaría inútil de forma inmediata, otros por no perder su vida confortable, y los menos por participar de manera humanitaria en la preservación de las personas como parte de un tejido social, cuando desde mi punto de vista, deberíamos estar pensando en cómo fortalecer más allá de la primaria necesidad de evitar fallecimientos que hasta ahora no forman más que una muy pequeña parte de los decesos totales a nivel mundial, por todas las causas posibles.

 Perdemos la paz mental y mermamos nuestra capacidad de respuesta sin pensar que lo que deberíamos hacer antes que todo lo demás, es pensar en donde estamos ubicados como personas, sin procurar por la velocidad de difusión de la información y su pretendidamente humanitaria orientación, asimilarla, porque el hacer esto sólo debilitamos nuestra conciencia a partir del miedo y la ignorancia.

 

Considero que sería conveniente procurar en ejercicio constante de interiorización restablecer en nuestra conciencia el orden ontológico correcto: ser, hacer y al final tener, para a continuación irradiar hacia aquellos con quienes convivimos físicamente en nuestros encierros una actitud que los invite a hacer lo mismo, creo que es muy importante que hagamos ejercicio de prudencia en la difusión de memes e información que infunden miedo o bloquean el criterio por evasión graciosa, deberíamos aprovechar el tiempo para concentrarnos en el valor real de la vida de cada uno de nosotros, no de evadirnos con actividades de ocio porque pensemos que nada de lo que pasa está en nuestras manos resolver, debemos considero participar cada uno para determinar lo esencial de nuestra actividad profesional o laboral y permitir que quienes más necesitan, tengan un escenario esperanza, de confianza solidaria en vez del escenario de guerra por la prevalencia que a través de un promartirismo perverso difunden los gobernantes y medios de comunicación que consiguen en principio debilitar lo esencial a defender y que es la tranquilidad existencial y si bien los gobiernos y sus estructuras están para garantizar el bienestar de su población, desprecian la esencia de la naturaleza humana, el valor de la vida comunitaria y la necesidad de convivencia armoniosa para reducirlas a la mera necesidad de supervivencia.

El propósito de la psicología es en origen, cuando menos así lo entiendo, el de lograr la armonización de los pensamientos  individuales con el accionar en el contexto social y junto con la filosofía deberíamos procurar una asociación virtuosa que condujera a un equilibrio de mente y alma desde las necesidades reales de cada uno de nosotros equilibrando el bienestar físico con el de la mente en atención a la antiquísima máxima de: “mente sana en cuerpo sano”, sin privilegio deificante de la apariencia.

Conviene entonces a los procesos mentales asirse de las conocimientos psicológicos y el apetito filosófico para procurarse un proceso de convergencia hacia un estado de paz mental, blindando nuestra conciencia contra el torrente de memes e información que en un sentimiento de impotencia pueden meternos en una espiral de desesperación y miedo en busca de evasión en lugar de construcción, sugiero prudencia y hasta la cancelación de la difusión de memes e información que no comprendemos pero que nos mantiene en aparente relación de legítimo interés por las personas de nuestro ámbito social, busquemos las videoconferencias o al menos llamadas telefónicas que permitan la interacción personal en una mínima expresión viva, busquemos compartir no cadenas de oración buscando ceder la responsabilidad de lo que nos acontece a los dioses, dejemos de juzgar o montarnos en los juicios ajenos, los errores de los gobernantes cediendo a otros, el control de nuestra de por si debilitada conciencia, aprovechemos el tiempo y esta oportunidad para construir desde las bases más elementales la conciencia personal y la de nuestra comunidad inmediata, tomemos ventaja de la circunstancias para valorar adecuadamente nuestras necesidades y ambiciones materiales, busquemos dar valor a nuestra participación social.

La paz mental la podemos construir desde adentro solamente y ahora, probablemente por las razones equivocadas, pero hoy tenemos la oportunidad de reconsiderar nuestra posición en esta comunidad de la que participamos, nuestras verdaderas necesidades y capacidades, podemos dejar de anhelar estereotipos y dicho a lo mejor de una forma por demás pragmática, de dar orden correcto a nuestros valores poniendo en primerísimo lugar el ser íntegro, el hacer con sentido social y el tener sin avaricia, sin satisfacción de la soberbia, ni de un egocentrismo perverso.

El mundo está tomando un nuevo orden, participemos desde una posición de conciencia, de paz mental que nos permita sumar, caminemos despacio y sin desesperación, sin miedo a perder una vida que todavía no ha llegado, no busquemos garantizar lo que creemos debemos, contra una incertidumbre, repleguémonos a nuestra conciencia aceptando que los límites los podemos extender en la medida en que nuestra actitud nos permita sumar en lo verdaderamente importante.

Es momento insisto, de reorientar nuestras aspiraciones y replantear la forma de satisfacer nuestros apetitos, la limitación de nuestra movilidad es por lo pronto una necesidad inmediata e imperante para la preservación de la vida, pero difícilmente creo que se restaurará al nivel de antes como para mantener el cosmopolitismo en nuestra alimentación y nuestro libre tránsito por el mundo entero con cualquier pretexto, los flujos desproporcionados de dinero tomarán una nuevo orden para mantener el equilibrio social a partir de cambio en los hábitos de consumo de exceso, moda y especulación.

La prisa por participar a través de la tecnología en un capitalismo desaforado siguiendo estereotipos inalcanzables en busca de tener más bienes y confort, ha incrementado en progresión geométrica la ambición y la avaricia y disminuido la paz mental en una revoltura de valores aislados.

Recuperemos el orden de estos, empleando nuestro tiempo de recogimiento en revisar nuestro inventario, en discriminar la información acerca de la crisis para quedarnos con aquello que esté a nuestro alcance, acatando de manera puntual las disposiciones sanitarias sin buscar explicaciones en las estadísticas para justificar un desacato que lejos de tranquilizarnos sólo nos provoca una impotente ansiedad para hacer lo que creemos garantizará un futuro que ahora está en manos de los que menos tienen, porque los estamos llevando al punto de acatar solamente la ley de la selva para sobrevivir y no somos capaces de entender que ni todo el patrimonio que tengamos ni el acervo maravilloso que podamos poseer nos darán la capacidad de contener a quienes no tengan más que perder, sumémonos en un esfuerzo para incrementar nuestro estado de paz mental que nos proporcione una estabilidad emocional y afectiva promotora de mejores decisiones y acciones en pro de un reordenamiento social primero local y a partir de este, sumar hasta la necesaria contribución al orden mundial.

 

 

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